Borrar
Feliciano Correa con una ejemplar de su último libro'. CASIMIRO MORENO.
«Extremadura no se despobló por la paciencia de los más humildes»

«Extremadura no se despobló por la paciencia de los más humildes»

En su libro 'Espuelas, hoces y cuchillas' retrata la vida en Extremadura durante el final del siglo XIX y principios del XX

Antonio Gilgado

Badajoz

Domingo, 1 de diciembre 2019, 10:29

Siempre viene bien conocernos. Y para conocernos hay que ver cómo hemos vivido colectivamente. 'Espuelas, hoces y cuchillas' es el nuevo libro de Feliciano Correa que repasa con detalle los cambios en la región desde el último tercio del siglo XIX hasta el primer franquismo.

Feliciano nació en una casa de labradores de Jerez de los Caballeros. De abuelos analfabetos y padre taxista, cuenta que de haberse quedado en el pueblo solo habría sido cura o militar. «Pero no eran precisamente esas las faldas que más me gustaban». Se fue a Madrid con una beca para estudiar Magisterio y de vuelta se encontró con unas actas del 'Círculo de Artesanos', una especie de contraposición al Casino de los señoritos. En esos documentos nació su interés por contar la vida de los más humildes.

-Bebe usted de su infancia para este trabajo.

«En la dictadura de Primo de Rivera hubo un intento de llevar el tren a Lisboa por Villanueva del Fresno. Y ahí seguimos»

-He escrito sobre Balboa, Hernando de Soto o los señoríos de Jerez, pero no sobre la intimidad de la gente que lo pasaba mal. Según iba escribiendo me daba cuenta de las penalidades que pasaban, que eran también mis vivencias infantiles. El modo de ser que tenemos se retrata en lo que escribimos después. Esa tensión social por la gente que sufre me ha influido mucho. He rememorado las penalidades que presencié de niño.

-¿Conviene saber de dónde venimos para saber a los qué podemos aspirar?

-Hay muchas preguntas que debemos respondernos. Por ejemplo, cómo un territorio de un millón de habitantes no ha conseguido un poder político que lo salvara de la incomunicación, de la marginación y de la despoblación. Extremadura está en el mejor momento de su historia, pero comparativamente, los demás siguen avanzando más. En el año 23 o 24, con la dictadura de Primo de Rivera, hubo un intento de llevar el tren por Extremadura hasta Lisboa por Villanueva del Fresno. Y aquí seguimos.

-Define usted el sur de Extremadura como un territorio especialmente abandonado.

-Lo he comparado con el norte para entender las diferencias. Plasencia tuvo tren medio siglo antes que Jerez, en los bajos del Palacio Episcopal se daban clases nocturnas para combatir el analfabetismo, había menos caciques. Era una sociedad más liberal en el XIX. En el sur de la región el caciquismo se ha ido reproduciendo. Hemos pasado por el cacique rural, el cacique urbano o el del escapulario. Fue una inercia de desigualdad demasiado larga.

Sometimiento

-¿Por qué no cristalizó esa desigualdad en una contestación social como ocurrió en otros territorios?

-Por el sometimiento. En los cuarenta, por ejemplo, tras la Guerra Civil, se vive con mucho sometimiento. En el libro he recogido la historia de un limpiabotas que acaba detenido por contarle a uno de los señoritos lo poco que cobran los jornaleros o de un funcionario que pierde su puesto por blasfemar. Este tipo de cosas no ocurría en la época de los Reyes Católicos. Fue durante el siglo pasado.

-Faltó una revolución burguesa.

-No hubo líderes revolucionarios. Los patronos lo controlaban todo hasta bien entrado el siglo XX. Decidían hasta los votos de los asalariados. Y si alguno protestaba se iba a la calle. Esa práctica llegó al Parlamento. El 6 de diciembre de 1910 hubo un debate parlamentario en el que Pablo Iglesias y Alejandro Lerroux preguntaron por qué se despedían a trabajadores en esta zona que no votaban según los preceptos de sus patrones. Algunos corcheros se declararon en huelga por defender sus derechos, pero bastaba con llamar a cuadrillas en el pueblo de al lado para que volvieran.

-¿Qué legado nos dejaron?

-Extremadura no se despobló por el aguante y la paciencia de los más humildes. Merecen la medalla a la paciencia. Aguantaron a pesar de las malas condiciones de vida. Y también hay que decirlo, por el Plan Badajoz. Si Franco no hace el Plan Badajoz quizá ahora seríamos menos de medio millón en Extremadura. Se construyeron cincuenta pueblos. Mucha de esa gente vivía de cortar leña ilegalmente, de hacer picón ilegalmente, de robar gallinas, de robar aceitunas, de ponerle cepos en las fincas de los señoritos. Es cierto que algunas fincas que se reconvirtieron al regadío eran de señoritos que ganaron mucho dinero, pero otras se dieron a los colonos.

-¿Qué falló en la República para que no se hiciera el Plan Badajoz?

-Se planteó mucho antes, es cierto, pero en la Primera y en la Segunda República no había estabilidad y tampoco capacidad técnica para ejecutarlo. Se necesitaban ingenieros y arquitectos muy preparados y maquinaría agrícola para que las parcelas de regadío fueran rentables. Cuando se plantea en la época de Primo de Rivera no había mecanización para abordarla. Gracias a que se hizo en el momento apropiado hoy tenemos muchas cooperativas en los pueblos. Guardamos el 23% del agua dulce embalsada. Por eso hay que valorar el esfuerzo de la gente que no se fue. Que no emigró a pesar de que esto siempre ha sido un territorio de emigración. En las cruzadas, en las guerras con Portugal... Siempre hemos estado muy azotados por las guerras. Y a eso hay que unir que el comercio se desarrolla en el Levante. Era el gran balcón. Nosotros estábamos en los corrales de la historia. Con Extremadura se ve muy bien como la geografía condiciona la historia.

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

hoy «Extremadura no se despobló por la paciencia de los más humildes»