CUANDO LA DONACIÓN REGALA OTRA VIDA

CUANDO LA DONACIÓN REGALA OTRA VIDA

  • Cinco extremeños que han sido trasplantados quieren contar su historia para que la gran cadena de solidaridad que les permite seguir viviendo no acabe nunca

Continuar viviendo porque una persona entrega a otra el órgano que necesita. Es, probablemente, la mayor muestra de humanidad que puede haber y la base del Sistema Nacional de Trasplantes (SNT), un modelo alabado dentro y fuera de nuestro país que está permitiendo a muchos una segunda oportunidad, una nueva vida. «Porque a esa sociedad generosa se suma un sistema sanitario público con profesionales cualificados y una ONT que gestiona la red de forma excepcional», explica Francisco Gil Perera, presidente de la Asociación Extremeña de Trasplantados (Asextras), a la que pertenecen María José, Antonio, Manuel, José María y Cristina. Ellos han querido contar su historia para agradecer la vida que hoy tienen a los que un día decidieron convertirse en donantes, o a los familiares que tomaron por ellos una decisión trascendental en momentos trágicos.

Como estos cinco extremeños, otros muchos siguen viviendo porque la donación continúa al alza en España y en Extremadura. Las cifras que ha dado el consejero de Sanidad, José María Vergeles, esta semana son una clara muestra de ello. La comunidad, con 50 donaciones en 2017, ha superado por tercer año consecutivo el objetivo que se había marcado la ONT para 2020 de 40 trasplantes por millón de habitantes. Porque son cada vez más los extremeños que optan por donar.

La tasa negativa a la donación en la región ha pasado de un 13,4% en 2016 a un 11,8% de 2017, por debajo de la media nacional, que se ha situado en un 12,9 %. En números redondos esto significa que de cada 100 personas, son 88 las que deciden donar sus órganos y así hacer posible que la gran cadena de solidaridad siga en marcha.

Trasplantes 2017, en datos

50 órganos

Nuevo récord de la comunidad

54 trasplantes renales, mayor dato histórico en el Infanta Cristina.

88% de familias de fallecidos autoriza donar.

También gracias a las donaciones de sangre en las que Extremadura, con 48.206 el pasado año, está a la cabeza del país. Donaciones imprescindibles para los trasplantes. Para uno de hígado se necesitan 60 bolsas de sangre. Y la región cerró 2017 con 32.072 donantes, de los que 3.930 se estrenaron en la donación.

María José Guerrero | Trasplante de córneas

«Hoy puedo ver solo gracias a la generosidad de los donantes»

La mancha fue aumentando en sus dos córneas sin que las pruebas determinaran su origen. Por eso dos años después, cuando María José Guerrero, de Don Benito, tenía 14 años, ya sabía que la única solución a su enfermedad era el trasplante. «Pero en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid dijeron a mis padres que solo podía entrar en la lista de espera cuando perdiera la visión de los dos ojos». Dos años después («ya veía muy poco») sus padres decidieron acudir a la Clínica Barraquer de Barcelona. «Fuimos un mes de mayo, yo tenía 16 años, y en junio me hicieron el primer trasplante de córnea en el ojo izquierdo». Dos años después, el trasplante en el ojo derecho, «pero para entonces yo ya perdía visión en el izquierdo, así que me hicieron un segundo».

Pero la córnea trasplantada estaba en mal estado «y una semana después, me sometí al tercer trasplante de córnea en el ojo izquierdo». A sus 20 años, María José acumulaba ya cuatro trasplantes. «Y decidí acudir a la Seguridad Social, cansada de tantos viajes a Barcelona». Entonces entró en la lista de espera y el 9 de diciembre de 2004, en el Perpetuo Socorro de Badajoz, «me practicaron el quinto trasplante, el segundo en el ojo derecho, porque para entonces ya también perdía visión». Ahora, «en este ojo tengo una visión del 100%, no así en el del izquierdo, pero ya no me pueden hacer más trasplantes, no se aconsejan más de tres en un ojo». A pesar de años marcados por intervenciones, «he llevado una vida normal, he estudiado y trabajado, y nunca he dejado de ver». Por eso, «doy las gracias cada día de mi vida a los donantes, sin ellos no hubiera sido posible». María José Guerrero hoy es la delegada en Vegas Altas de la Asociación Extremeña de Trasplantados (Asextras), «para agradecer y ayudar».

Antonio Andújar | Trasplante de pulmones

«En marzo voy a cumplir 5 años de vida y de libertad»

Era la única solución para que pudiera seguir respirando, viviendo. La enfermedad estaba dentro, pero no fue hasta los 58 cuando «de repente comencé a sentir, cada día un poco más, que me faltaba el aire». Después, señala, «me han explicado que la fibrosis pulmonar va muy rápido, y eso debió pasarme a mí, cuando estaba repartiendo con un compañero de trabajo y no tenía fuerzas para cargar con los paquetes».

Tenía fibrosis en los dos pulmones, por tanto apenas capacidad para que le entrara aire. «Por eso me derivaron al Puerta de Hierro, porque la única solución era el trasplante». Cuando en 2011 entró en la lista de espera, «iba con mi mochila de oxígeno a todos los sitios pero apenas podía hacer nada, era mi mujer quien lo hacía todo, quien en realidad ha pasado todo desde el inicio hasta el final;no sé cómo se lo podré agradecer». Los dos años de espera, hasta que llegaron los pulmones, «fueron duros». Tanto casi como la propia espera. Porque en esos años recibió hasta siete llamadas para acudir al hospital, porque habían llegado los órganos que necesitaba. «Pero en las seis primeras no eran válidos para mí, así que cuando me llamaron la séptima, la verdad es que tampoco lo creí». Pero esta vez sí ocurrió el milagro. «Eran válidos y eran para mí».

Hoy Antonio no necesita mochila de oxígeno y, «aunque con limitaciones, sigo vivo». Por eso, «gracias a los donantes, sin ellos nada es posible, pero también a sus familiares, que en esos momentos tan tristes son capaces de regalar vida a otros, y a los profesiones que hacen posible un excepcional sistema de trasplantes, porque el órgano llega a quien lo necesita». Antonio lo tiene claro. «Tengo 66 años, pero sé que en realidad el próximo marzo cumplo solo 5 de una vida libre y nueva que la generosidad de otros me han regalado; muchas gracias».

Manuel Salgado | Trasplante de hígado

«Me han concedido ver a mi hijo terminar la carrera»

Un malestar general con múltiples y severos temblores, que le impedían casi meter la llave en la cerradura del coche, le llevaron al médico. «Me estudiaron en el Infanta y me diagnosticaron la enfermedad de Caroli». Una patología congénita «que hasta entonces ni había sentido, aunque nací con ella, y que provocaba infecciones continuas». Tras un año con antibióticos diarios que no evitaban la sucesión de ingresos, cada vez más frecuentes y largos, los médicos determinaron que la solución para Manuel pasaba por un trasplante de hígado. «Lo recuerdo perfectamente, entré en la lista en abril de 2014, y tres meses y cuatro días después llegó una nueva vida para mí». Fue a las cinco de la mañana cuando recibió la ansiada llamada, «y en poco más de diez minutos ya estábamos en el hospital».

El 11 de julio de 2014 le practicaron el trasplante. «Cuando desperté me invadió una gran alegría, una inmensa felicidad que no se puede explicar con palabras». Como todas las personas trasplantadas, «tomo muchas pastillas cada día, pero el próximo julio va a hacer cuatro años de esta nueva vida que me han regalado, y estoy feliz». Aunque también reconoce que ha pasado momentos malos y no sólo por las complicaciones médicas que a veces se producen. «Porque sabía que para que yo pudiera seguir viviendo, una persona había muerto, y esto no ha sido fácil».

Por eso, su sensación de eterna duda y agradecimiento a quien le ha hecho el mejor regalo:«Lo que a mí me ha dado no tiene precio». Por eso también ayuda a quienes atraviesan la situación que él ya ha pasado y colabora en las campañas de sensibilización a favor de la donación, para que siga creciendo. «Porque vivir merece la pena, y a mí esa generosidad que es donar órganos me está dando más tiempo con mi familia, ver a mi hijo terminar la carrera».

José María Hernández | Trasplante de riñón

«Mis tres riñones son los que me permiten seguir aquí»

Sus padres conocían de sobra los síntomas. «Dos hermanos a los que yo no conocí murieron de la misma enfermedad, la glomeruloesclerosis segmentaria y focal», explica José María.Tenían cinco años, la misma edad a la que a él le dejaron de funcionar sus riñones por idéntico motivo. «Pero las cosas habían cambiado afortunadamente y yo entré con esa edad en diálisis en el Hospital de La Paz; mi padre me llevaba tres veces allí cada semana». Hasta que le hicieron el primer trasplante cuando tenía 11 años. «Me pusieron uno que me duró cinco años; mi trasplante fue el primero infantil que se hizo en La Paz». Su nuevo riñón comenzó a funcionar y José María logró normalidad. «Pero mi enfermedad regresó y el órgano dejó de funcionar después de esos cinco años, por lo que tuve que volver a la diálisis, aunque esta vez peritoneal, por lo que la podía hacer en casa».

Así estuvo casi dos años, hasta que llegó su segundo trasplante. El 21 de marzo de 1992, de nuevo en el Hospital de La Paz. «Este segundo me duró 15 años y, aunque no fue todo de color de rosa en este tiempo, porque tuve periodos de ingreso por el rechazo al órgano, los fui superando, a la vez que trabajaba y estudiaba Derecho por la Uned».

Su enfermedad no tuvo nada que ver para que la fatiga regresara a su cuerpo como síntoma claro de que el riñón, tras 15 años, dejaba de funcionar. «Por eso, de nuevo a hemodiálisis otro año y medio aproximadamente». Hasta el 25 de noviembre de 2007, cuando se sometió al tercer trasplante en el Hospital Clínico San Carlos. «Tomo diez pastillas todos los días, pero ya hace 10 años que tengo el riñón y sigo perfectamente, disfrutando de esta vida gracias a mis tres riñones, lo que hubiera sido imposible sin los donantes», afirma el hoy alcalde de Cuacos de Yuste, en La Vera.

Cristina Sánchez |Trasplante de corazón

«Me desvanecí y desperté con un nuevo corazón»

Flojedad, vómitos, malestar general... «Acudí a una clínica privada y no me vieron nada». Abandonaba el centro cuando perdió el conocimiento y se cayó. Ya no recuerda más, su historia la conoce porque se la han contado. «Era el 27 de agosto de 2015 y me trasladaron al Infanta Cristina, donde me diagnosticaron miocarditis y, sobre todo, donde el equipo de Cardiología logró que superara las paradas cardiorespiratorias, me hicieron diversas cirugías para que pudiera continuar viviendo y me conectaron a una máquina que hacía en parte la función del corazón».

Hasta que le llegó el trasplante casi un mes después. El 19 de septiembre de 2015 Cristina Sánchez recibió un nuevo corazón en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid. «Pero el cambio de una máquina a otra mejor en este centro me provocó una isquemia que requirió que se me amputara la pierna derecha, por encima de la rodilla». Pasó dos meses en la UCI y tres en planta, y poco a poco le fueron contando su increíble historia. «A la pierna no le di importancia y del trasplante no me acuerdo, pero sé que sigo viva, que hoy sigo aquí, y es lo único realmente importante». Volvió a casa en febrero de 2016 y en septiembre de eso año retomó sus estudios de Administración de Empresas, «sin olvidar que sin ese donante anónimo estaría muerta». «Es muy triste perder a una persona, pero quizás el mayor consuelo es que puedes dar vida a otros». Ella es un ejemplo de la combinación perfecta entre los profesionales sanitarios y la generosidad de los donantes y sus familias. «Yo y mis padres, que vivieron de verdad todo lo que me pasó», reconoce. «Yo soy capaz de contar mi historia con normalidad, porque no la he vivido con angustia ni sufrimiento; me desvanecí un día y cuando desperté tenía un nuevo corazón, y hoy son consciente porque me veo la pierna y la cicatriz».

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